domingo, 31 de mayo de 2009

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Competir hoy

Muchas veces hablamos de "competir". A diario leemos o nos enteramos que tal o cual empresa ha acaparado una significativa cuota de mercado al tornarse extremadamente competitiva. Pero ¿qué es en sí la competitividad? ¿En qué criterios se basa actualmente? Para responder a estas preguntas, esbocé algunas pautas orientativas.
En principio, podríamos decir que la competitividad actual se basa en los siguientes pilares:
Organización dinámica y eficaz: Menos jerarquías y mayor horizontalidad en la toma de decisiones. Establecer funciones y responsabilidades de forma clara. Promover unidades de negocios y grupos de trabajo autónomos, que puedan establecer fuertes sinergias entre sí.
Invertir en excelentes profesionales: Contratar, motivar y mantener un equipo de profesionales interdisciplinarios altamente cualificados para hacer frente a un entorno dinámico, cambiante e innovador.
Empleo de Nuevas Tecnologías: Las herramientas tecnológicas están ya al alcance de cualquier competidor. El no emplearlas a fondo implica una enorme desventaja.
Creatividad e Innovación: Debe generarse en cada persona y en todos los sectores y áreas de la empresa. Hay que potenciar esto al máximo.
Inteligencia Emocional. Pensamiento Lateral: Constituyen poderosas herramientas para competir con éxito, generar y encarar nuevos negocios y fidelizar clientes y colaboradores, amén de su enorme valor intrínseco. Todos deben aplicarlas.
Reutilización de recursos y sinergias: Aprovechar todas las sinergias que puedan existir a la hora de encarar nuevos proyectos. Reutilizar el know-how, instalaciones y tecnología disponible.
Actuar de forma proactiva: Desprenderse del esquema de reaccionar “a posteriori” frente a la competencia, para anticiparse a ella. De un esquema “reactivo” pasar a otro “proactivo”.
Marketing Uno a Uno: Personalizar los productos, servicios, procesos y acciones para cada cliente. De esta forma se incrementa la calidad de relación con ellos, se conocen y resuelven sus quejas, aumenta su fidelidad, se identifica mejor a los clientes más importantes y se detectan nuevas oportunidades de negocios.
Outsourcing: Concentrarse en lo que la empresa hace mejor (I+D, Management y Marketing) y tercerizar otras actividades.
Alianzas estratégicas: Deben incrementar nuestro valor de marca e imagen, y mejorar significativamente nuestro posicionamiento en la mente de los clientes. Los productos y servicios resultantes de cada alianza tienen que ser percibidos como muy ventajosos por los clientes. Aspectos tales como la gestión, tratamiento de bases de datos y acciones conjuntas, deben definirse y aceptarse con total claridad y precisión para evitar posteriores conflictos.
También podríamos definir la competitividad como la capacidad de diferenciarnos del resto de empresas. Pero en este sentido, deberíamos tener presente que, para ello, todos los atributos que agreguemos a nuestro producto o servicio deberían ser juzgados como de gran valor por nuestros clientes, y no solamente por los miembros de la empresa. Aquí no cuenta lo que el equipo de desarrollo crea, sino lo que en realidad perciban los clientes. Además, cada innovación puede ser (y de hecho, tarde o temprano lo será) imitable por los competidores más cercanos, perdiendo de esta forma todo su valor. Entonces, cuando se estime una estrategia que otorgue aspectos diferenciales, hay que calcular cuánto tiempo lo serán en realidad, o dicho de otra forma, cuánto tardará la competencia en anularlos. Sólo hasta ese momento podremos disfrutar del incremento o mayor satisfacción de nuestros clientes.
Con respecto a la innovación, si bien es uno de los pilares de la competitividad, posee también ciertas aristas que hay que saber pulir. Una de ellas es que toda innovación, como es lógico, se anticipa a su demanda, o dicho de otra forma, en algunos casos todavía no existe demanda para este nuevo desarrollo. Entonces hay que saber promoverla y agilizar su adopción.
Podría, por otra parte, considerarse que un aumento constante en la calidad de nuestros productos o servicios redundaría en un enorme factor diferencial, que incrementaría siempre nuestros beneficios. Pero esto tampoco es así. Aumentar la calidad y las prestaciones hasta un cierto nivel está muy bien, pero pasado determinado umbral, no sirve ya para diferenciar nuestro producto, sino que se transforma rápidamente en un conjunto de costes que no incrementan beneficios.
En cuanto a reducir precios para diferenciarnos y competir, tenga presente que esto sólo genera una confrontación de precios con nuestros competidores, donde sólo gana quien dispone de mayores reservas financieras y costos más bajos.
Todo tiene, como se ve, aspectos positivos y negativos a tener presentes a la hora de instrumentar estrategias competitivas. Pero permítame destacar el empleo del Marketing Uno a Uno, el Marketing de Frecuencia (una subdivisión, si se quiere, de éste) y las soluciones CRM:
Marketing Uno a Uno
Sobre los Clientes: Identifique debidamente a sus clientes, en especial a los más importantes. Averigüe sus quejas y reclamos; instaure soluciones. Sepa a cada momento qué desean sus clientes, y de qué manera su portafolio de productos y servicios cubre, o no, estos deseos. Esté siempre dispuesto a innovar e introducir mejoras a lo ya existente. Instaure un Servicio de Atención al Cliente, y en base a sus datos, establezca sólidos planes de satisfacción y fidelización.
Calcule y tenga presente: Cuánto cuesta captar un nuevo cliente (recuerde que siempre es más rentable y menos trabajoso el venderle más a un cliente existente, que captar uno nuevo). Estime además los costes de todo el servicio de atención, establezca los beneficios resultantes, y amplíe esta perspectiva a los posibles clientes que uno satisfecho y leal le puede traer.
Relaciónese con sus clientes: Implemente todas las medidas necesarias para promover y facilitar el diálogo con sus clientes (números de atención gratuitos, reuniones mensuales, etc.).
Valore la personalización: Toda la empresa debe conocer e implementar las técnicas del marketing personalizado, y conocer sus enormes ventajas:
Desarrolla relaciones sólidas y duraderas con cada cliente.
Incrementa su nivel de satisfacción y fidelidad a la empresa.
Permite descubrir nuevas áreas de negocios.
Otorga una sustancial ventaja competitiva.
Marketing de Frecuencia
Se puede implementar, por ejemplo, mediante el uso de una tarjeta que garantice la obtención de descuentos o puntos intercambiables por regalos. Esta metodología nos permite diferenciar a nuestros clientes en virtud de su volúmen y calidad de compra, o sus hábitos de consumo; por otra parte, permite a la empresa tratarle personalizadamente, y adecuar sus ofertas para satisfacer mejor las expectativas de cada segmento.
Soluciones CRM (Customer Relationship Management)
Instrumentar soluciones CRM que abarquen la totalidad de departamentos y áreas de nuestra empresa, redundaría en un enorme factor diferencial. Soluciones que sirvan para identificar, tratar y satisfacer mejor a nuestros clientes, a la par de procesar y compartir toda la información resultante de los distintos procesos, automatizar gestiones, instrumentar y controlar el desarrollo de nuevos productos, su almacenamiento, las campañas de marketing y hasta la gestión de ventas y atención al cliente.
Un ejemplo: Un asiduo lector ingresa en el sitio web de una editorial y distribuidora online. Ya ha comprado varias veces allí, y además, ha dejado constancia de cuáles son sus gustos y preferencias. Por tanto, el sitio web le recibe cordialmente, y a su consulta le muestra qué nuevos títulos han salido al mercado, títulos éstos que, por supuesto, son totalmente acordes a sus afinidades. Esto es CRM. Como también lo es todo el proceso posterior a la compra (envío del libro, emisión de la correspondiente factura, etc., etc.).
He aquí algunas herramientas capaces de transformar nuestra empresa en una empresa competitiva. Pero tal vez la más importante de todas resida en el propio ser del directivo y empresario. En su espíritu siempre dispuesto a mejorar y anticiparse a lo que pidan sus clientes. En su deseo constante por aprender y mejorar día a día. En su intención, firmemente mantenida, de participar y triunfar en un mundo cada vez más competitivo, pero no por ello menos apasionante.

fuente: Juan Javier Álvarez www.sht.com.ar

sábado, 2 de mayo de 2009

El líder, impulsor de las cuatro visiones del negocio

El negocio de una empresa requiere del aporte efectivo de diversos actores que hacen posible su existencia. Estos actores construyen la organización y los productos que más tarde se ofrecerán en el mercado. De la calidad de estas construcciones dependerá la viabilidad de su oferta; de la habilidad del líder para convocar y alinear voluntades dependerá el éxito o el fracaso de la empresa.

El líder debe asegurar que el negocio se alimente de cuatro perspectivas que comprenden distintos intereses, conocimientos y experiencias. El análisis de estas cuatro visiones nos dará una idea de la complejidad de la organización y del liderazgo.

Visión de la Dirección
Existen muchas organizaciones en las que sus líderes entienden el proceso de la comunicación como vertical, y de arriba hacia abajo. Así, la dirección se limita a bajar línea, informando solo lo indispensable. Como resultado de esta visión, la información es incompleta y la comunicación prácticamente inexistente. Esta óptica refleja, generalmente, una estructura piramidal verticalista y autoritaria.

Pero sea cual fuera el estilo de la Dirección, existen algunos temas que necesariamente deben ser bajados en algún momento del proceso. Una buena Dirección debe hacer conocer claramente al personal sus principales objetivos, estrategias y políticas. Unicamente se puede lograr el compromiso del personal cuando él mismo conoce la dirección en que se avanza. Obviamente este conocimiento no asegura, por sí solo, el compromiso ni la identificación del personal con la empresa, pero éste, al conocer el rumbo, tendrá la posibilidad de coincidir y hacer propios esos objetivos. No se quiere lo que no se conoce.

Una Dirección que comprende integralmente la problemática de la empresa estará muy interesada, asimismo, en bajar –de una manera explícita o implícita– los valores de la organización.
El personal que forma parte de una organización que cuenta con ciertos valores corporativos encontrará estímulos y frenos a sus acciones. A través de la cultura de la organización, la gente actuará dentro de un marco, un estilo, una forma de ser que modelará sus conductas. Los valores y la cultura de la organización actúan como estímulos e inhibidores de conductas, pudiendo convertirse en una poderosa herramienta de control social y de impulsos a formas de pensar y actuar.

Cuando los valores son compartidos por el personal, y la cultura organizacional es la adecuada a los fines del negocio, las acciones se potencian al encontrar un marco común de entendimiento y comunidad de fines.

Por último, la Dirección debería estar profundamente interesada en el desempeño de la organización. La manera en que se logran los resultados es un tema de vital importancia para la empresa: qué se espera de cada uno y cómo deben alcanzarse los objetivos, son temas que deben estar claramente especificados. La retroalimentación sobre el desempeño es una pieza vital de comunicación que permite a cada empleado saber claramente qué se espera de él, de qué manera actuar, cuáles son sus fortalezas y sus debilidades relativas que deben mejorarse. Este proceso debe ser adoptado, en primer lugar, por la propia Dirección para que, a partir de allí, baje a toda la organización.
Como en muchas cuestiones organizacionales, el “ejemplo” es la clave.

Visión de los clientes
En mercados competitivos, la satisfacción de los clientes tiene un peso determinante en el éxito o el fracaso del negocio.
Al no tratarse de mercados cautivos, los clientes tienen posibilidades de optar y, por consiguiente, de abandonar la empresa. Esta situación obliga a las organizaciones a mantener un constante contacto con sus clientes: saber qué piensan, cómo perciben la calidad del producto o servicio ofrecido, cuánto están dispuestos a pagar por lo que reciben, etc., se convierten en temas de alta prioridad para toda la organización.

Muchos líderes, conscientes de esta situación, gastan importantes sumas de dinero en saber qué piensan los clientes. A través de encuestas –generalmente muy costosas– los departamentos de Marketing adquieren una valiosa información que podría mejorar la operatoria e, inclusive, la organización, con el objetivo de mantenerse competitivos. Es notable, sin embargo, cómo las organizaciones no aprovechan plenamente sus capacidades internas para lograr este objetivo.

Existen muchos miembros del personal que mantiene contactos diarios con la clientela; ellos interactúan permanentemente con los clientes, conociendo sus necesidades y expectativas. ¿Y qué hacen las organizaciones con este conocimiento? En general, este conocimiento no pasa la barrera de la supervisión, o a lo sumo de la gerencia media.

Pareciera razonable –y hasta necesario– para un buen líder establecer un sistema de comunicaciones internas por medio del cual toda la empresa conozca y comprenda las necesidades y expectativas de los clientes. La empresa es, en definitiva, un equipo formado por diferentes sectores que deben orientarse a satisfacer las necesidades de los clientes. Establecer canales internos de comunicaciones, diseñar un eficiente sistema, es la primera etapa para el líder que pretende cambiar la mentalidad de los miembros de la organización.
Obviamente esto sólo no alcanza; lo que se haga con la información obtenida, hará la diferencia. La orientación, primero de la Dirección, y luego, de todo el personal, a resolver los inconvenientes de sus clientes, es uno de los temas prioritarios del líder de la empresa.

El sistema de comunicaciones internas debería establecer los canales adecuados para tratar las quejas y los reclamos, las sugerencias de mejoras, las oportunidades de negocio, y hasta información sobre la competencia. Toda esta información es de vital importancia para el desarrollo del negocio. La manera en que la procesemos y la transformemos en respuestas útiles al cliente, en tiempo y forma, se verá reflejada indudablemente en los resultados de la empresa.

Visión del personal
El personal puede comunicar no sólo la visión de los clientes sino también su propia visión como miembro pensante de la organización. Es interesante cómo las organizaciones desperdician la inteligencia de su gente; gente que en su casa toma decisiones, define presupuestos, controla gastos, etc., en muchos casos es tratada internamente como deficientes mentales; pareciera que esta gente sólo debe hacer lo que se les indica; pensar es tarea de unos pocos, la mayoría está para obedecer.
La consecuencia natural de esta postura no es sólo la desmotivación que produce en el personal sino, también, la pérdida de importantes oportunidades de negocios. La gente produce en relación directa a lo que se espera de ella; si los líderes de la empresa esperan que no piensen, pensarán lo mínimo posible; si requieren de sus ideas, aportes, sugerencias, seguramente las recibirán.

Los diseños –y presupuestos– del trabajo en los albores de la Era Industrial están perimidos y, sin embargo, muchos líderes siguen aplicando algunos de sus conceptos. Participar al personal en los problemas y en la toma de decisiones tiene ventajas que van más allá de la forma en que el líder trata a la gente: ¡Es un buen negocio! Que la gente participe en el diseño de su trabajo (¿quién conoce lo que hace mejor que uno mismo?), que pueda proponer mejoras a los procedimientos y circuitos de trabajo, que opine sobre su punto de vista (¿cuántas veces hemos visto posiciones de la Dirección totalmente alejadas de la realidad?) son modalidades, formas de trabajar, que hacen más efectivas a las organizaciones y que dependen de un buen liderazgo.

Crear un sistema de comunicaciones –de abajo hacia arriba– que aliente la crítica constructiva y la orientación a la resolución de los problemas identificados, constituye un activo invalorable en el camino hacia la mejora continua. Cuando la gente percibe que sus opiniones no son valoradas, o que cuando finalmente emite un juicio crítico, el mismo es tomado como una deslealtad, el efecto que produce es la pasividad, la falta de interés, el “no te metas”. Cuando la crítica es alentada y, a partir de ella, se corrigen las cosas, la gente se compromete con sus líderes, queriendo lo mejor para la organización.

Visión de los equipos de trabajo
Las organizaciones actuales son complejas. Nadie en una organización puede comprender en profundidad todos sus procesos y circuitos. El conocimiento, por otro lado, avanza y se acumula año tras año. Hoy más que nunca dependemos de otros; el trabajo individual prácticamente no existe. La organización es una compleja red que opera a través de gente que aporta cosas diferentes para lograr, finalmente, el resultado esperado.

Los equipos de especialistas tienen visiones diferentes de acuerdo a su especialización; el cristal a través del cual se percibe la realidad no es el mismo para todos. Esta situación obliga al líder a tomar muy en serio el concepto de trabajo en equipo y sus interacciones internas. Cuando en una organización no existen canales adecuados de comunicación entre sectores o departamentos, los compartimentos estancos proliferan pretendiendo dar una respuesta final a una compleja realidad.

El fin de la organización debe ser claro, y cada sector trabajar coordinadamente para lograr los objetivos organizacionales. El Departamento de Sistemas tiene que estar comunicado con Ventas para comprender la problemática y las necesidades de su cliente interno (que a su vez satisface las necesidades del cliente externo). Comprender la naturaleza y los objetivos de sus funciones, sus prioridades, urgencias, presiones, es la base necesaria para trabajar coordinadamente para un objetivo común. Para lograr esta forma de trabajar, el líder debe crear canales de comunicaciones (horizontales) que permitan la interacción de los diferentes grupos internos.

Conclusión: construyendo la ventaja competitiva
El objetivo final de liderar un sistema de comunicaciones internas es alcanzar una ventaja competitiva sobre el resto de la industria. Lograr que todo el personal de la organización –a través de una clara comprensión de los objetivos, las estrategias y prioridades– se concentre en el negocio (y esto es, además, reforzado por un sistema de valores compartidos y una cultura adecuada), producirá una valiosa energía que nos permitirá diferenciarnos de nuestros competidores. Si a través de nuestra propia gente mantenemos una permanente comunicación con nuestros clientes, monitoreando sus percepciones sobre nuestros productos y servicios, y otorgamos una real importancia a sus opiniones, estaremos en condiciones de lograr una excelente capacidad de respuesta a sus demandas.

Por último, ¿no es obvia la ventaja que logra una empresa que cuenta con la mayoría de su gente comprometida y motivada para hacer las cosas que se necesita hacer? Esto último es aplicable a cualquier organización, pero se potencia, adquiere una importancia vital, en una empresa de servicios. El impacto de la interacción del personal con la clientela reviste, en este caso, una prioridad absoluta: una parte muy importante del servicio se presta a través de nuestra gente; la calidad de atención al cliente es uno de los factores más valorados por ellos al momento de elegir la empresa con la que operarán.

Joaquín Sorondo (www.sht.com.ar)